Mientras más años paso en París, más siento que estoy como en casa.

Shakespeare & Company: un lugar que me recuerda a casa...

Parece una paradoja que un hito tan icónico de París como Shakespeare & Company le recordara a casa a una estadounidense como yo. Nada en la fachada de la antigua tienda de libros ni en la vista de Notre Dame ni en el interior de las paredes de piedra se refiere a los Estados Unidos. La familiaridad está en sus estantes, ya que alberga las mejores palabras que jamás se hayan escrito en el idioma inglés, palabras que los estadounidenses en París podrían extrañar más de lo que están dispuestos a admitir.

Me imagino que fue la nostalgia lo que llevó a Sylvia Beach, nativa de Nueva Jersey, a abrir el original Shakespeare & Company en 1919. Eso, y lógicamente su pasión por los libros. Los escritores de la “generación perdida” como F. Scott Fitzgerald, Gertrude Stein y Ezra Pound encontraron aquí su lugar. En “París era una fiesta”, Ernest Hemingway relata cómo Sylvia le prestaba libros gratis en aquel momento al desconocido escritor mientras él intentaba lanzar su carrera a la vez que trabajaba como periodista en París.

Shakespeare and Company

Casi un siglo más tarde, la actual tienda Shakespeare & Company es una reinvención de la original. Aproximadamente una década después de su cierre durante la Segunda Guerra Mundial, George Whitman volvió a abrir otra tienda de libros inspirada en la idea original de Sylvia Beach, finalmente cambiándole el nombre en su homenaje. No fue lo único a lo que George le puso nombre en honor al original. Incluso le puso el nombre de Sylvia a su hija, quien en la actualidad se encarga de la tienda Shakespeare & Company con la misma filosofía de la primera Sylvia. Los lectores y escritores distinguidos de todas partes del mundo están invitados a darse una vuelta por la tienda durante su estadía en París. En la mesa de afuera, se regalan los libros que ya no caben en los estantes. Comparto dos idiomas con la gente de aquí: el inglés y la literatura. Es reconfortante hablar con el personal y otros estadounidenses que vienen a la tienda, mientras sacamos de los estantes las versiones originales de nuestras novelas favoritas, preguntándonos de dónde vienen y cómo llegaron.

Mientras más años paso en París, más siento que estoy como en casa. Cuando estoy lejos de aquí busco pequeñas cosas que me recuerden a esto. De manera inversa, cuando estoy en Francia, busco recuerdos de mis raíces estadounidenses. De alguna manera, en esta librería se combinan las dos. Cuando necesito eso o solo un buen libro, vengo aquí y me siento afuera, y me siento como en casa dentro de las páginas de mis libros favoritos.

Hablando de hogar, para nuestro próximo Paris Rendez-Vous, Lancôme y yo decidimos compartir otro extracto del artículo de Brides “París: la Ciudad de la Luz y el amor”. Vea la primera mitad aquí si se lo perdió. ¡Nos vemos!

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