A pesar de lo seductor que puede ser todo este brillo y glamour, no fue eso lo que me trajo a vivir aquí...

Habitudes: simples placeres parisinos para su vida diaria

Debo gran parte de mi decisión de mudarme a París al deseo de una vida simple. A pesar de lo seductor que puede ser todo este brillo y glamour, no fue eso lo que me trajo a vivir aquí.

Una estadía de dos semanas en un pequeño estudio debajo del Jardin du Luxembourg en una de mis primeras visitas me convenció de que uno no necesita mucho para ser feliz en París. En mi opinión, París es casi tanto un estado mental como un destino. Los habitudes parisinos que adopté me permiten saborear pequeños placeres cada día. Donde sea que esté, pruebe algunos aspectos de la forma de vida parisina y saque sus propias conclusiones...

Paris Rendez-vous

• Mañanas en la boulangerie: la primera parada de muchos parisinos antes del trabajo es la panadería de la esquina para comprar un croissant o un pain au chocolat. ¿Puede imaginar una mejor manera para comenzar el día que el olor de los productos recién horneados?

• Saludos adecuados: los franceses comienzan el día laboral con naturalidad y un saludo adecuado a sus colegas. Diga "hola", pregúnteles cómo están y deséeles un buen día. No acudimos a un colega y le pedimos algo que necesitamos, así sin más. Mostramos un interés amigable en su bienestar con una pequeña conversación antes de ir al punto. Puede parecer tedioso, pero crear una comunidad agradable en el trabajo puede llevar tiempo.

• Caminar cuando sea posible: los parisinos prefieren caminar en vez de conducir. La ciudad es hermosa y se aprecia mejor de cerca y de manera personal caminando, descubriendo con placer los hermosos detalles y los pequeños encuentros amenos que tenemos.

• Nada de almuerzos de trabajo: es raro encontrar a un parisino comiendo sobre su teclado. La hora del almuerzo es sagrada cuando sea posible. Haga lo que hacen los parisinos y salga de la oficina, saboree su comida con colegas y hable sobre cualquier cosa excepto negocios. No solo es más agradable, sino que además se sentirá más feliz y concentrada durante el resto del día.

• La pause del café: adoro que llamemos pause en francés al descanso. Poner la vida en pausa un minuto (¡o una hora o dos!) es exactamente para lo que existe. Es un ritual de la tarde que se disfruta en buena compañía o a solas y que jamás debe apresurarse.

• El apéro: cuando el trabajo terminó, celebramos. Un pequeño trago con amigos o colegas fuera o en casa antes de la cena mientras cocinan es una pequeña indulgencia a la que los franceses jamás se niegan.

• Los mercados de productos frescos y los traiteurs: en vez de comprar todo en el supermarché (supermercado), los parisinos disfrutan mucho de los mercados de productos frescos de su quartier y en los traiteurs individuales. Desde el carnicero hasta el quesero, y así sucesivamente, es un placer, no una molestia, recibir la bienvenida de un cliente habitual en cada parada que hacen en busca de los ingredientes perfectos para la cena.

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